“A vueltas con el Satisfyer”
“A vueltas con el Satisfyer”
En mi última columna les tocaba el
tema de la sexualidad masculina en relación con los avances médicos habidos al
respecto para mejorarla. Les confieso que aquel artículo ha dado de qué hablar
a nivel de conocidos y amistades de ambos sexos. Y lo ha dado, en general y en
el buen sentido de la expresión, para bien.
Entre las amistades femeninas ha
habido quien, en tono jocoso, me dejó caer, así como el que no quiere la cosa,
“¿y qué hay del Satisfyer?”.
Si bien no tiene nada que ver esa
“pequeña ayudita” en forma de pastilla que está a disposición de los hombres
que la puedan necesitar con este otro aparato de auto placer femenino, lo
cierto es que tanto la una como como la otra, están hoy en día en boca de mucha
gente.
“¡Qué pena que ya los hombres no
estemos para casi nada, estamos pasando a un papel irrelevante!” –me decía el
otro día un amigo. Se refería, claro está, al plano sexual. “Hasta en eso nos
van a sustituir las máquinas” –terminaba por pronosticar.
La sexualidad ha cambiado y evolucionado mucho
en relativamente pocos años. Y si nos ceñimos a la femenina en concreto, me
atrevería a decirles que mucho más. La mujer, que desgraciadamente ha venido
teniendo un rol, permítanme definirlo como secundario, en muchísimos ámbitos de
la vida y de la sociedad, hoy en día, y por fin, está tomando las riendas incluso
en lo que a la sexualidad toca.
El hecho de nacer mujer acarreaba en
siglos pasados una pesada losa. Algo tan normal hoy en día como estudiar una
carrera universitaria, o ir a las urnas a depositar su voto, era simplemente
casi inaccesible e incluso prohibido hace un siglo para ellas. La sexualidad
tampoco se ha librado de esa “revolución”. En la actualidad la mujer es dueña
de su propia manera de entender el sexo, de su sexualidad. Dicho esto voy a
tirarme al charco de cabeza, no quiero desviarme del tema.
En el año 2011, una directora de cine
estadounidense, Tanya Wexler, firmó una película de título “Hysteria”. Es una
mezcla de romanticismo y humor con un toque de realidad e historia. Está
ambientada en la Inglaterra de la época Victoriana. Película, definitivamente,
muy recomendable si desean pasar un rato entretenido además de instructivo.
La Histeria, hasta mediados del siglo
pasado -1952-, estaba considerada como una enfermedad mental atribuida prácticamente
y en exclusividad a las mujeres –de hecho el término “histeria” proviene de la
palabra griega “hystera” con la cual se denominaba al útero de la mujer.
Galeno, médico del siglo II y que da
nombre a la profesión médica, ya describió la histeria como una enfermedad
causada por la privación sexual en mujeres particularmente pasionales. Siglos
más adelante la histeria fue dictaminada habitualmente en vírgenes, monjas,
viudas y, en ocasiones, mujeres casadas. La prescripción en la medicina
medieval y renacentista era el coito si se estaba casada, el matrimonio si se estaba
soltera y el masaje de una comadrona como último recurso.
Pues bien, en la época Victoriana era
diagnosticada con mucha frecuencia y comprendía un amplísimo catálogo de
síntomas que iban desde los desfallecimientos, hasta los dolores de cabeza
pasando por espasmos musculares, irritabilidad, insomnio, etc.
El tratamiento habitual en aquellos
días era el conocido como “masaje pélvico” que no era ni más ni menos que la
estimulación manual de los genitales de la mujer por el médico hasta llegar al
orgasmo. Se consideraba pues el deseo sexual reprimido de las mujeres como una
enfermedad.
Pero había un problema. Los médicos
encontraron un inconveniente al tratamiento de estas mujeres mediante
masturbación asistida. Se cansaban al tener que dedicarles tanto tiempo en
consulta y como añadidura, dicho método originaba problemas y dolencias musculares
en sus manos y brazos.
Había que “mecanizar” dicha tarea y
eso llevó a la invención, a finales del siglo XIX, por un doctor ingles de
nombre Joseph Mortimer, del primer vibrador eléctrico con fines médicos. Tal
fue el éxito de dicho artilugio que hasta la Casa Real Británica, parece ser, adquirió
alguno. Lo que vino después todos los sabemos.
La histeria fue desterrada como
enfermedad y entendiéndose la sexualidad como algo inherente, normal y lógico
al hombre pero también a la mujer.
Tras ese gran paso y avance, en mayor
o menor medida, se han ido ideando, inventando y perfeccionando diversos tipos
de aparatos o “juguetes” sexuales. Los hay para hombres pero sobre todo para
mujeres. Y aquí es donde entra en juego el famosísimo “Satisfayer”. Un
“succionador-estimulador” del clítoris femenino que parece ser –yo no les puedo
hablar desde mi propia experiencia por razones biológicas obvias- es el no va
más.
Una señorita joven, pero ya con
cierta edad, en una entrevista a pie de calle sobre este tema, le respondía al
reportero que la entrevistaba: “La estimulación llega en tan solo segundos y
antes de dos minutos tengo un orgasmo muy intenso. Es pequeño, sencillo y
discreto y puedes llevarlo en cualquier sitio. Casi no consigo llegar a la
última velocidad porque el orgasmo llega antes.”
Y además, por si fuera poco, lleva
una batería que puede durar hasta dos horas. Hay quien hace uso de él en
solitario pero también en pareja. Todo muy respetable.
El escritor estadounidense Kurt
Vonnegut, cuya obra principalmente giraba en torno a la ciencia ficción y las
novelas satíricas y cómicas, dijo en una ocasión que: “Las novelas que dejan de
lado la tecnología malinterpretan la vida tan mal como los victorianos
tergiversaron la vida, dejando fuera el sexo.”
Vonnegut tenía una visión pesimista
de la humanidad, y una postura escéptica en lo que a la religión respecta y a
la vida en general. Sin duda erraba cuando pronunció esta frase haciendo
referencia a que la sociedad victoriana tergiversaba la vida y dejaba fuera el
sexo. Los años han venido a demostrar todo lo contrario.
Aun así, espero que en este caso las
máquinas no vengan a sustituir al hombre en el aspecto sexual.
¡Hombres del mundo! ¡Pongámonos las
pilas para que no nos ganen la batalla dos horas de batería!
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