"Bancos, interiorismo y decoración"
"Bancos, interiorismo y
decoración"
De un tiempo a esta parte y por
aquello de la globalización, la modernización, la adaptación a los nuevos
tiempos y por supuesto por su propio interés económico (el suyo, no el nuestro)
las entidades bancarias han cambiado..…y mucho.
Cuando digo que han cambiado,
indudablemente lo han hecho a todos los niveles. Fusiones, desapariciones de
bancos, cambios de nombres, todo ha sido un ir y venir en el cual a los pobres
usuarios también nos ha tocado adaptarnos.
La rapidez con que se ha hecho todo
ha sido tal que por la noche nos acostábamos siendo clientes de una determinada
entidad bancaria y por la mañana nos despertábamos estrenando entidad: “Hola,
me llamo Juan Carlos y soy su anterior y nuevo cliente”.
La última vez que me quedé dormido después
de comer, en una tranquila siesta, al despertarme y de sopetón, mi hija Marta
me sobresaltó: “¡Papá, enhorabuena! ¡Ya tienes banco nuevo! Mientras dormías se
han acabado de fusionar. Olvídate ya del anterior, ha pasado a mejor vida. Esto
hay que celebrarlo. ¿Me vas a invitar esta noche a cenar?.” En ese momento
empecé a “pagar” la fusión o integración.
Todo lo relacionado con las entidades
bancarias sucede a una velocidad de vértigo.
Hasta hace nada, la sucursal donde
tengo todo mi historial y mis debes y haberes contables, era normal, como las
de toda la vida. Uno entraba y allí y se encontraba: a la izquierda el despacho
del director o directora, enfrente las ventanillas de pagos, ingresos y
reintegros y, distribuidas a un lado, las diferentes mesas con los empleados y
empleadas que pacientemente nos atendían. Hoy todo eso ha cambiado
sustancialmente.
Hace unos días tuve que acercarme por
mi banco para realizar unas gestiones. Previamente había solicitado cita (como
en el médico) para que me atendieran. No acudía a la sucursal desde hacía algún
tiempo. Llegué puntualmente a la cita y allí estaba Pilar.
Pilar es la persona que habitualmente
me atiende presencialmente cuando de mis asuntos bancarios se trata. Es una
gran mujer, tanto a nivel personal como profesional de la banca. Una empleada
modelo podríamos decir, al menos en lo que concierne al trato que tiene hacia mí.
Además, hay algo que hace que tenga
que rendirle pleitesía de por vida. Ella fue la que, una mañana que tuve que
acudir temprano a realizar unas gestiones e iba sin desayunar, me recomendó un bar
donde tomé una de las mejores tostadas de jamón que he probado en mi vida.
Desde entonces soy habitual del mismo. Ese gesto es impagable. Gracias Pilar.
Bien, pues volviendo a lo que nos
interesa les diré que al entrar en la sucursal allí estaba ella, esperándome.
Pero no en su habitual mesa, sino de pie, detrás de una especie de atril a modo
de los que hay en las iglesias desde donde se pronuncia, explica y enseña la
lectura del día.
Miré alrededor y si no llega a ser
porque la vi allí frente a mí, habría vuelto sobre mis pasos y me habría
marchado. Parecía que había entrado en una tienda de decoración e interiorismo.
Todo estudiado al detalle.
Los colores suaves, las formas de las
mesas redondeadas, sin aristas, como invitándonos a charlar de cualquier cosa
menos de nuestros problemas financieros. Las sillas también de diseño. ¡Hasta
había una cafetera para servirnos nuestro cafelito y todo! No cabía resquicio
ninguno para salir de allí corriendo.
Se supone que toda esa manera de
amueblar y decorar las sucursales es para dar una imagen más amigable y
cercana. Parece como que quieren hacernos perder el miedo y el recelo al ir al
banco a realizar gestiones.
A todo esto se le ha dado por llamar
“Interiorismo Estratégico”. Es una nueva forma de transmitir el “mensaje”.
De igual manera que cuando uno entra
en un determinado hipermercado intuye, simplemente por su forma de exponer los
artículos, que va a ser barato o de la misma forma que cuando nos asomamos al
escaparate de una boutique de café o accedemos al Club del Gourmet percibimos
enseguida que los productos van a ser buenos y caros, los bancos intentan
trasmitirnos el mensaje de: “Tranquilo, está usted en lugar seguro, pídanos lo
que quiera que nosotros se lo proporcionaremos, tenemos solución para todos sus problemas de liquidez.”
Y claro, eso ya de entrada relaja un
montón.
Todos los negocios intentan
reinventarse y los bancos no iban a ser menos.
Y aunque algunos directivos de estas
entidades financieras podrían suponer que no todos los clientes vamos a captar
el mensaje porque no somos decoradores o interioristas, eso sería tanto como
decir que yo no puedo apreciar la belleza de un cuadro de Van Gogh porque no
soy pintor.
En el futuro estratégico de la banca
está, como punto fundamental, el saber interpretar las necesidades del cliente
y hacerlo sentir mimado y comprendido.
Todo eso está muy bien pero de nada
sirve si al final, a poco que nos descuidemos, observamos que nos tratan como
meros números para cuadrar sus cuentas.
Y es que la decoración y el atrezo sirven
de bien poco si detrás no hay una persona amable que nos haga sentir la
verdadera tranquilidad con el buen trato.
No todo es cuestión de percepción y
ambiente relajado. Casi siempre el optar por una u otra entidad no depende del
diseño y estilo de la decoración que te encuentres al entrar en una de sus
oficinas. Es, simplemente y ante todo, una cuestión de empatía por parte de los
empleados y buena predisposición.
Ya para terminar, y si me permiten,
un par de recomendaciones. Les recordaré aquella frase del escritor francés
Tristan Bernard exhortándonos a gastar y disfrutar de la vida cuando dijo que:
“Un ahorrador es un imbécil que inmoviliza mil francos para ganar cinco e
ignora cuántas cosas bellas se pueden hacer con mil francos”, y aquella otra
que sentenció el gran economista británico de principios del siglo XX John
Maynard Keynes cuando afirmó que: “Si yo te debo una libra, tengo un problema,
pero si te debo un millón el problema es tuyo.”
Pues ni una cosa ni la otra. Disfruten
y gasten, pero con cabeza y prudencia porque, al final, si le debemos al banco,
el problema va a ser nuestro y no de ellos. Por mucha buena decoración y
muebles de diseño que nos muestren, al final los pagaremos nosotros. Como les
digo.
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