“Caudal ecológico”
“Caudal ecológico”
Interesante término este. Les
confieso que hasta hace unas semanas lo desconocía. Este que les escribe, de la
vieja escuela como les he dicho en alguna ocasión, sabe algo de ríos, de
nacimientos y desembocaduras, de golfos, cabos, cadenas montañosas, en fin, de
aquello que nos enseñaban en la extinta EGB. Y no es que me haya quedado
anticuado porque todos ellos siguen ahí, donde siempre. Sin embargo, este mundo,
que gira a una velocidad descomunal, nos trae términos nuevos del lenguaje y
expresiones, a veces retorcidas, para nuestro pesar.
A todo esto contribuyen en demasía,
los tecnócratas y políticos de nueva hornada. Les hablo, no solo a nivel
nacional sino también a nivel europeo.
“Nos van a volver majaretas” –como
diría un antiguo compañero de servicio militar que era malagueño y aficionado a
esta expresión.
Con todo esto no quiero decir que no
sea fundamental esa adaptación, e incluso en el lenguaje, a los nuevos tiempos.
Pero reconózcanme ustedes que cuesta mucho estar al día de toda esta nueva
terminología.
Hace unas semanas estaba con un
antiguo compañero de trabajo y buen amigo. Disfrutábamos de unas fresquitas
cervezas en un tranquilo e incomparable lugar a los pies de Sierra Nevada. El
sol lucía y tan agradable era la temperatura como amena la conversación.
Les hablo de Dílar, un hermoso pueblo
con panorámicas de película y que da nombre al río homónimo. Mi amigo reside y
es de allí. Tiene unos terrenos donde cultiva frutas, verduras y hortalizas. Le
sirve de ocupación además de entretenimiento. Juanmi, además de vecino y
agricultor de Dílar, es miembro de la comunidad de regantes de la zona, un
auténtico enamorado de su pueblo y perfecto conocedor de la problemática
existente alrededor de este tema.
Me contaba los desafíos y retos que
están teniendo con el agua del río Dílar. Y fue entonces cuando me soltó eso
de: “Todos los agricultores de la zona estamos a expensas del caudal
ecológico”. Me quedé ojiplático.
Mi ignorancia supina del tema hizo
acto de aparición. Como soy de los que piensan que es mejor preguntar una vez y
quedar por tonto que no preguntar y serlo toda la vida, se lo solté:
“Discúlpame Juanmi, ¿qué es eso del caudal ecológico?”
Esa pregunta llevó la conversación
por derroteros que, en el momento en que se la expuse, no me podía ni imaginar.
Según la definición oficial, un
caudal ecológico es: “El caudal que contribuye a alcanzar el buen estado o buen
potencial ecológico en los ríos o en las aguas de transición y mantiene, como
mínimo, la vida piscícola que de manera natural habitaría o pudiera habitar en
el río, así como su vegetación de ribera”. Esto quiere decir que por encima de
todo hay que mantener o preservar la fauna y flora del río que se trate.
Dicho “caudal ecológico” debe de ser
establecido y fijado en el plan de la cuenca a la cual pertenezca el río y se
realiza atendiendo a diferentes estudios sobre los caudales y en diferentes
tramos del río que se trate.
Dicho así parece fácil de entender
pero detrás de esta definición hay otros muchos intereses no menos importantes
y relevantes. Los de los regantes y agricultores de las cuencas de esos ríos.
El caso que nos ocupa del río Dílar es, si cabe, aún más peculiar.
Según me comentó mi buen
amigo, el río Dílar es un río con características de estacional, es decir,
lleva agua en determinadas estaciones del año, al contrario de los ríos con
caudal fijo todo el año. Este caudal ecológico, sin dejar de ser
imprescindible, no se está adaptando –según él- a las peculiaridades del río
Dílar y todo ello está llevando a una situación insostenible para los regantes
de la zona.
“La situación ha llegado a
cotas inasumibles para la comunidad de regantes del río Dílar –me dijo-, pues
por las propias características del lecho del río (arenas y gravas), el caudal no
alcanza más allá de poco más de un kilómetro desde el puente del río en la
carretera que da acceso al municipio. Es decir, a partir de ese punto las aguas
se filtran al subsuelo y el río aparece seco.”
Todo esto está llevando a
un principio de confrontación entre la Comunidad de Regantes del Río Dílar y la
Confederación Hidrográfica del Guadalquivir (CHG) que es la gestora de la
cuenca. “A ríos vecinos -siempre en palabras de mi amigo- no se le ha impuesto el caudal ecológico y lo
único que hacen es imponerles sanciones si es que hacen un uso abusivo del agua
del río. Pero todo queda ahí. Los regantes de la zona de Dílar se preguntan si
es que van a tener que manifestarse para ser escuchados.”
Por otro lado, asociaciones como “Somos Río
Dílar”, que defiende su conservación desde el más estricto ecologismo, y otras
de diversa índole, tienen también cabida en todo este preocupante tema. Cada
una de ellas con sus propios puntos de vista y salvaguardando sus intereses.
En todo este complicado y
entramado problema cabe destacar la solución aportada por la comunidad de
regantes de Dílar para poder ajustar los regadíos en cantidades sostenibles
para mantener ese caudal ecológico sin mermar, o reduciendo lo menos posible,
los daños que se les pueda ocasionar a los agricultores de la zona. La propuesta
consistiría en un desembalse de la Laguna de las Yeguas –que fue construida en
1977 en el cauce del río Dílar- lo suficientemente ajustado en volumen de agua como
para poder hacer frente a los regadíos y al mismo tiempo sin que peligre la
integridad de dicha laguna.
Poco o ningún caso, parece
ser, está haciendo la CHG a las soluciones aportadas por las comunidades de
regantes afectadas. Por este motivo le preocupa a mi buen amigo que pueda
llegar un momento en que la Vega de Dílar no pueda regarse.
Por mi parte, y siendo un
desconocedor a fondo de esta problemática, me pongo del lado de mi querido amigo
de quien no dudo de su fiel criterio. Aun así, él mismo me comentó también que no
todo recae en la CHG, sino que los propios regantes también asumen su parte de
responsabilidad en esto.
Al final, es fundamental e
imprescindible que se llegue a un entendimiento y a un punto de encuentro entre
todas las partes implicadas.
Lo que verdaderamente está del todo
punto clarísimo es que esta dura sequía nos está llevando a empezar pequeñas
batallas por el agua que pueden terminar en una verdadera guerra total y a otros
niveles muy superiores.
Pongamos un poco de sentido común por
ambas partes y que no llegue la sangre al río.
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