“Con “M” de Mariano”
“Con “M” de Mariano”
Tengo tres amigos que se llaman
Mariano.
Uno de ellos no tiene ese nombre de pila
pero desde que lo conozco, y de esto hace ya exactamente treinta y tres años, siempre
le he llamado así. Es como lo hace el resto de amigos y compañeros de trabajo.
Su auténtico nombre es José María
pero para todos los que lo tratamos de cerca y desde hace muchos años, siempre
ha sido “el Mariano”.
Ya está jubilado pero de vez en
cuando lo veo –a veces de lejos- y hablamos. Ya debe de estar enfrascado en sus
clases de guitarra que le regalamos cuando se jubiló. Si no es así, ¡Mariano!,
¡ponte ya o rifa la guitarra entre tus compañeros que a algunos nos haría mucha
ilusión ese premio!
Hay varias versiones sobre el porqué
de ese pseudónimo. Hay una que está catalogada como la más fiable y es, además,
con la que un servidor se queda porque encima es la que más gracia me hace.
Dicha explicación tiene que ver con las famosas viñetas del incomparable y gran
maestro Forges.
En una de las escenas de la vida
cotidiana que tan bien retrataba, aparecían un matrimonio compuesto por
Mariano, un burgués frustrado, y por una gordísima señora, Concha -su esposa-,
que representaba a la represiva conciencia.
No sé la razón exacta de esa asociación
con nuestro Mariano pues ni él es un burgués -y mucho menos frustrado- ni su
encantadora mujer se llama Concha ni está gordísima, todo lo contrario. Tampoco
es la represiva conciencia para mi amigo. Creo recordar que allá por la década
de los noventa estaban muy de moda las historias de este peculiar matrimonio de
Forges y, por alguna extraña casualidad, le empezamos a llamar así. Y con
“Mariano” se quedó. A él le hace gracia y además se identifica con este nombre.
Es ya como su segunda piel.
Mi segundo amigo “Mariano” es
argentino y vive en Cracovia. Es un tipo estupendo, jovial, alegre y muy
hablador como buen argentino. Lo veo poco pues no viene mucho por España. Siempre
que puedo visito Cracovia, tengo lazos familiares muy fuertes allí. Una de las “visitas”
obligadas es quedar con él. Cuando coincidimos es allí en Polonia. Solemos
compartir unas buenas birras polacas en alguna terraza cerca de la majestuosa e
inmensa Plaza del Mercado que, al menos yo, saboreo de manera especial.
Trabaja, entre otras ocupaciones,
como guía turístico de los famosos “Free Tours” que existen en casi todas las
ciudades europeas de renombre. En mi primera visita a aquella hermosa ciudad
nos conocimos. Desde entonces hemos mantenido una relación que, aunque no de
manera muy fluida, siempre ha estado ahí.
Hace unos días volví por aquellas
tierras polacas y lo llamé por teléfono para quedar. Aprovechando que él tenía
dos tours guiados a la impresionante Cracovia, uno por la mañana y otro por la
tarde, me apunté a los dos. Recorrimos la ciudad medieval en el de por la
mañana y después de irnos a comer juntos a un típico restaurante polaco, nos
mostró y contó la extraordinaria y triste historia del barrio judío de
Cracovia, tan castigado durante la segunda guerra mundial por el nazismo.
Mariano, además de ser un buen
argentino de pro y un gran profesional en todas las facetas que emprende –no
solo es guía turístico- , es un amante de los perros, algo en lo que también
coincidimos. Eso nos da, por llamarlo de alguna manera, un plus extra en
nuestra distante relación.
Y mi tercer gran amigo de nombre Mariano
es uno que merece mención aparte. A este lo conozco desde que yo tenía unos diez
años –dato no muy fiable pero por ahí andará la cosa.
Es murciano y defensor a ultranza de
lo suyo. De esos que ama su tierra y que se enorgullece cada vez que habla de
ella.
Apenas nos vemos físicamente pero
estamos en contacto continuo. Cuando éramos tan solo unos niños pasábamos muy
buenos ratos allí, cerca del Mar Menor. Después también, ya peinando canas y
sin peinarlas porque a los dos nos ha dejado el pelo como una mala esposa o un
mal marido pueda dejar a la otra parte, sin avisar y sin compasión, a traición.
Es una gran persona y le tengo un
aprecio muy especial a pesar de que, por más que le invito a pasar unos días en
Granada, se me resiste.
Hace unos días me envío por WhatsApp
una fotografía de cuando éramos niños. Me preguntó si la tenía. En dicha
instantánea, en blanco y negro, aparecemos los dos y junto a nosotros varios
familiares en una comida campestre. Le contesté que sí, que la tenía, y le
recordé aquellos tiempos tan felices, libres de preocupaciones y de otras
circunstancias que la vida nos ha ido trayendo.
Esta fotografía me hizo recordar con
mucha nostalgia tiempos pasados, personas que ya no están y travesuras de niños
que enfilaban casi ya la adolescencia.
Y ahora, que les estoy escribiendo
todo esto, con el solo de piano y saxo de la canción “From Now On” de
Supertramp de fondo, casi se me están saltando las lágrimas y la vena
sentimental se está apoderando de mí. Así que mejor lo dejo aquí.
Gracias a vosotros tres, Marianos,
por todo lo que me habéis aportado y por lo que me seguís aportando.
Comentarios
Publicar un comentario
Gracias por su opinión