“La Francia decadente”
“La Francia decadente”
Con expectación, y porque no tenía
nada mejor que hacer, se lo confieso, me dispuse el pasado 26 de julio a ver la
ceremonia inaugural de los Juegos Olímpicos de París. Les reconozco que no soy
muy de este tipo de ceremonias porque me cansan y me suelen aburrir
extremadamente. Yo las percibo como celebraciones entre extravagantes y
horteras a veces, pero siempre como auténticos tostones. No me equivoqué
tampoco en este caso. Tostonazo sublime y además con indignación final como
guinda de este amargo pastel.
Tanto colorido en las imágenes y
tanta luz en el espectáculo me dejaron absorto, casi hipnotizado y con la vista
fija en la televisión. Cuando llevábamos casi dos horas de ceremonia y el
empalago me tenía sometido frente a la pantalla, de pronto brinqué del chaise
longue -término francés, triste casualidad.
La retransmisión nos mostraba a un
grupo de travestis que hacían recordar el cuadro “La Santa Cena” de Leonardo da
Vinci. Un burdo, bochornoso, soez y cutre espectáculo. La católica Francia
ridiculizando a Cristo. Una vez más se consuma la falta de respeto a la
religión católica. Y lo que nos queda por ver.
Según los datos de 2022, de los 68
millones de franceses, los católicos representan el 52% de la población, los musulmanes
alcanzan el 5%, un 2% son budistas, un 1% judíos y el resto se reparten entre
otras religiones y no creyentes.
Aun siendo la fe cristiana la más
profesada en el país vecino, no tuvieron reparo los organizadores de la
ceremonia en cachondearse literalmente de ella y de todos los católicos de
Francia y del mundo. Y es que insultar a los cristianos y al catolicismo sale
gratis y además está bien visto por los pánfilos políticos y por la progresía
en general.
Dudo mucho que Patrick Boucheron, historiador
francés y uno de los creadores y coguionista de este acto, hubiera tenido la
osadía, por pura falta de valentía, de mofarse de Mahoma o de la Torá judía y ni
siquiera del mismo Buda, porque ser budista es chupiguay hoy en día. Los
desprecios para los de siempre. Y ya estamos hartos, al menos yo, de poner la
otra mejilla.
La persistente lluvia durante todo el
día en París, que se hizo más contundente en el momento de la ceremonia, se
podría entender como un castigo divino por tanta osadía y desprecio.
Comentando este asunto con conocidos hubo,
por otro lado, quien no vio en dicha alegoría de “La Santa Cena” un insulto a
los católicos. Yo, aun respetando esa opinión, dejo en el aire las siguientes cuestiones:
si no se quería dar a entender que era la Santa Cena lo allí personificado, ¿a
qué venía esa aureola a modo de corona circular, destacando su luz divina, que
tenía sobre su cabeza la supuesta figuranta que representaba a Cristo? ¿hay
alguien que haya visto o conozca “La Santa Cena” de Leonardo que al instante de
aparecer en pantalla dicha representación no se la haya recordado? Blanco y en
botella.
Incluso el director de la ceremonia
pidió perdón posteriormente alegando que solo “quería enviar un mensaje de amor, nunca hubo la intención de mostrar
falta de respeto a ningún grupo religioso. Al contrario, realmente intentamos
celebrar la tolerancia comunitaria”. ¡Bravo por usted! Pero la próxima vez
celebre la tolerancia comunitaria con alguna alegoría sobre Mahoma a ver qué
tal le responde el personal.
A finales de 1905 Francia se
convirtió oficialmente en un estado secular. La separación entre Iglesia y
Estado en Francia, consagrada en la ley de 1905, estableció un marco legal que
buscaba asegurar la neutralidad religiosa del Estado. Sin embargo, esta
separación ha evolucionado hacia una forma de laicismo militante a menudo hostil
hacia la religión católica. En Europa, aunque los contextos varían, se observa
una tendencia similar en nuestra España querida, Bélgica o Alemania.
La falta de respeto hacia la religión
católica en Francia y en Europa es un fenómeno que merece un análisis profundo.
Los discursos públicos y los medios de comunicación también juegan un papel
crucial en la percepción de la fe católica. En muchos casos, el catolicismo es
retratado de manera negativa o estereotipada. Programas de televisión,
películas y artículos periodísticos a menudo caricaturizan a los católicos como
retrógrados o intolerantes.
Esto del laicismo está muy bien y, aunque
originalmente fue concebido como un medio para garantizar la libertad religiosa
y la neutralidad del Estado, ha sido instrumento para excluir la religión del
espacio público. Esta interpretación extrema del laicismo ha llevado a
restricciones que afectan desproporcionadamente a los católicos. En Francia la
prohibición de símbolos religiosos en escuelas públicas ha sido motivo de
controversia y debate, ya que limita la expresión de la fe en espacios que
deberían ser inclusivos.
Lo más preocupante es el doble rasero
en la aplicación del laicismo. Mientras que las críticas y la burlas hacia el
catolicismo son a menudo toleradas e incluso fomentadas en nombre de la
libertad de expresión, otras religiones reciben un trato más cauteloso. Esta
disparidad sugiere una falta de coherencia y equidad en la aplicación de los
principios laicistas, lo que refuerza la percepción de que el catolicismo está
siendo desproporcionadamente marginado.
La ceremonia de apertura de los
Juegos Olímpicos de París 2024 subrayó la creciente desvinculación del país con
sus fuertes raíces e historia católicas. Alguien ha escrito que recordaba más
al petardeo de Eurovisión que a lo que se espera de una gala de unos Juegos
Olímpicos de un gran país, afirmación con la que estoy completamente de
acuerdo.
Me da pena reconocer que, gracias al
petulante Macron y a políticos como él, el espectáculo de inauguración de los
Juegos es un espejo de la decadente sociedad actual.
No han faltado las suaves críticas de
la Conferencia Episcopal Francesa, a las que se le unieron las de la española, calificando la representación de
burla y falta de respeto a los católicos. El Vaticano también, como no podía
ser de otra manera, mostró su desacuerdo indicando en una nota de prensa que “La libertad de expresión, que evidentemente
no se cuestiona, sólo está limitada por el respeto a los demás".
Pero eso solo se deja para la religión católica, no para el resto del
mundo. Mientras tanto los cristianos seguiremos poniendo la otra mejilla.
Francia ha superado lo que parecía imposible, coreografiar a orillas del
Sena y manipulando símbolos sagrados para la fe católica, su propia decadencia……
decadencia que es la de Europa.
Comentarios
Publicar un comentario
Gracias por su opinión