"La “Toma” me la tomo en serio"
"La “Toma” me la tomo en
serio"
Ciudad de Granada, 2 de Enero, tremolar
el Estandarte o Pendón Real, “¡Granada!..... ¿Qué?”.
¿Les suena? Efectivamente, es el Día
de la Toma de Granada por Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón y V de
Castilla, a la postre los ínclitos Reyes Católicos.
Últimamente estoy muy dado a
concurrir e intentar no perderme ningún
acto de relevancia en nuestra ciudad. Si bien es cierto que no me es posible
acudir a todos, la verdad es que a los más significativos procuro no faltar. Se
le toma el pulso muy de cerca a la sociedad granadina y en general a la ciudadanía
de esta nuestra querida tierra.
Pues allí estaba este que les escribe
en la Plaza del Ayuntamiento a media mañana cuando la comitiva, con la
parafernalia y boato correspondiente, partía hacia la catedral para escuchar la
santa misa y regresar posteriormente al Ayuntamiento.
La Plaza del Carmen no estaba en esos
momentos tan concurrida como lo estaría en el momento culmen de los actos. La
gente se lo estaba tomando con la misma tranquilidad que yo. Pero sí se
empezaban a congregar cierto número de personas, a las cuales no les importaba
esperar una hora y media de pie como una estaca, con objeto de presenciarlo
todo desde primera fila.
Como tampoco me apetecía esperar todo
ese tiempo allí de pie, me dispuse a pasear por Granada con tranquilidad. No
siempre tiene uno la ocasión de disfrutar de un centro cortado al tráfico y
poder deleitarse con ese ambiente festivo.
Entre esas personas que se
congregaban ya para no moverse de su sitio, en primera fila estaban, como no
podía ser de otra manera y viene siendo habitual, los representantes de la
mayor ignorancia que se pueda conocer por estos lares.
Ese grupo de necios aborregados e incapaces
de leer un libro que contenga más de 2 frases hiladas. Esos que portan la
“Arbonaida” -nombre de la bandera de Andalucía y que significa en árabe
castellanizado “Blanca y Verde”- y
añadiéndole la estrella roja de cinco puntas.
Bandera utilizada por el Nacionalismo de izquierda de Andalucía.
Lo dicho, los de siempre y a los que
se les permite, de alguna manera, intentar “reventar” la fiesta con que la gran
mayoría de los granadinos estamos identificados.
De hecho eran tan pocas las reses en
el rebaño que para hacerse notar de forma que todos supiésemos que estaban
allí, tuvieron que llevar consigo silbatos para originar el mayor ruido
posible.
Estos individuos tienen tan poca
categoría moral, rezuman tanto odio y rencor que no dejan que los demás
disfrutemos de una fiesta tan nuestra.
Estoy hablando de respeto, esa
palabra que a ellos les es tan ajena. Esa misma tolerancia, y vuelvo a repetir
la palabra respeto, que piden para sí, no son capaces de ofrecerla a los demás.
Los que creen ser demócratas son en realidad unos bufones revientas actos que
aprovechan la misma esencia democrática para imponer su sentir pero son
incapaces de respetar el pensamiento de la mayoría.
Aun así, y asumiendo que tenemos que
aguantar a estos indocumentados en dicha efeméride, lo que para mí es intolerable
y representa un insulto superlativo es que uno de ellos portase una pequeña
pancarta, que desde donde yo estaba ubicado no alcanzaba a leer, con un retrato
de nuestro sempiterno e inigualable Federico García Lorca.
¿Pero este rebaño sabe algo de Lorca?
¿Habrán leído alguna vez algo de su vida o de su poesía? ¿Cómo pueden hacer
suyo a nuestro poeta insigne?
Seguramente lo más que hayan
alcanzado a leer sea algún prospecto de algún medicamento.
“Yo creo -dijo el poeta en su
momento- que el ser de Granada me inclina a la comprensión simpática de los
perseguidos. Del gitano, del negro, del judío… del morisco que todos llevamos
dentro".
Nadie niega del pensamiento del poeta
ese perfil integrador entre las diferentes culturas pero, por favor, no
insulten a la inteligencia y a la historia mancillando la imagen de nuestro gran
escritor. Repito, nuestro, de todos, y no solo de ustedes.
Lean, léanse la historia de Granada y
por ende la de España. Que no se la cuenten sus “superiores”. Y sobre todo sean
capaces de discernir, de pensar por ustedes mismos, de sacar conclusiones
propias y no de otros.
Sé que mi recomendación (que no
consejo) va a caer en saco roto y para mi va ser tiempo perdido. Pero mientras
leen algo de la verdadera historia, es posible que no corran el peligro de tragarse
el silbato (algunos de los que estaban a mi alrededor lo deseaban
ardorosamente) con el que en ese acto nos amenizaron, incluso cuando sonaba la
canción “Granada” de Agustín Lara o nuestro himno nacional.
Ya me dirán ustedes, queridos
lectores, qué tendrá que ver dicha canción o nuestro himno con la supuesta
reivindicación de estos mentecatos. La cosa era reventar por reventar.
En este caso ni siquiera la música
amansó a las fieras.
Discúlpenme mis queridos lectores si
mi tono les ha parecido exaltado en algún
momento de este artículo, pero en este caso soy un firme convencido de
que esta fiesta siga fiel a la tradición como lo ha sido siempre y por otra
parte también un firme defensor del respeto a la opinión de los demás.
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