“Los 11 principios de Goebbels y sus similitudes”
“Los 11 principios de
Goebbels y sus similitudes”
En el año 2021 el Premio Planeta de Novela se otorgó a
“La Bestia”, una frenética y magistral obra de suspense o thriller. En opinión de entendidos, se suele decir que las obras
finalistas de este premio son tan buenas o a veces incluso mejores que la
propia novela ganadora. Esta regla podría ser aplicada a la edición de aquel 2021.
Les hablo de “Últimos días en Berlín” de Paloma
Sánchez-Garnica. Dignísima finalista en aquella edición y ganadora en la de 2024,
que presentó sus credenciales con una novela de trama impactante donde se dan
la mano el amor y la supervivencia, personajes bondadosos y otros mezquinos y varias
historias de amor. Es una historia de supervivencia. Ambientada en la Segunda
Guerra Mundial, no es una novela que hable sobre guerra. Es más bien una
reflexión sobre los fanatismos y sus consecuencias. Sin llegar a ser una novela
romántica, es una gran historia de amor pero en el más amplio sentido del
término. En ella se dan la mano el amor fraternal, el amor hacia el prójimo y
el amor clásico entre un hombre y una -o mejor dicho- varias mujeres.
Pero en el fondo, lo que esta gran obra ofrece es la historia
del desengaño de un hombre hacia esos líderes, seguidos ciegamente por una
población adoctrinada, que no atiende otra razón que la de su líder, profeta o
guía, llámese Ióssif Stalin o Adolf Hitler. En la novela, el protagonista pasa
del “rodillo bolchevique” a la “apisonadora nazi” o viceversa.
No es una novela histórica aunque nos proporciona una
imagen clara de la situación en Europa en esa primera mitad del siglo XX.
Tampoco es una novela romántica aunque nos meta de lleno en una historia de
amor.
Una de las singularidades y curiosidades de esa novela
es que los capítulos están salpicados de los principios rectores de Joseph
Goebbels, el que fuera ministro de propaganda de Hitler. Y lo más llamativo, al
menos para mí, es que, al darle un repaso a los mismos, este que les escribe,
encuentra una similitud desproporcionada con lo que está sucediendo a día de
hoy en el mundo y particularmente en España, bajo la apariencia de una falsa
libertad democrática.
Vayan a continuación alguno de estos principios:
Principio de la Vulgarización: Toda propaganda debe
ser popular, adaptando su nivel al menos inteligente de los individuos a los
que va dirigida. La
capacidad receptiva de las masas es limitada y su comprensión escasa; además, tienen gran facilidad para olvidar. Goebbels
recomendaba apelar a emociones primarias en lugar de argumentos complejos.
En España, se observa un discurso político cada vez
más simplificado, basado en consignas fáciles de repetir y en apelaciones
emotivas que sustituyen el debate racional. Y sobre lo de que “se olvida fácilmente…”, qué les voy a
contar.
Principio de orquestación: La propaganda debe
limitarse a un número pequeño de ideas y repetirlas incansablemente,
presentadas una y otra vez desde diferentes perspectivas pero siempre
convergiendo sobre el mismo concepto. Sin fisuras ni dudas. De aquí viene
también la famosa frase: Si una mentira
se repite suficientemente, acaba por convertirse en verdad.
¿Les suena esto? Es tan evidente que sobran palabras o
comentarios.
Principio de renovación: Hay que emitir constantemente
informaciones y argumentos nuevos a un ritmo tal que cuando el adversario
responda, el público esté ya interesado en otra cosa. Las respuestas del
adversario nunca han de poder contrarrestar el nivel creciente de acusaciones.
En España, los escándalos políticos, los cambios de
agenda y los debates artificiales se suceden con rapidez, manteniendo a la
sociedad en un estado de distracción permanente.
Principio del silenciamiento o silenciación: Acallar sobre las cuestiones sobre las que no se
tienen argumentos y disimular las noticias que favorecen al adversario, también
contraprogramando con la ayuda de medios de comunicación afines.
No todos los hechos reciben la misma cobertura
mediática. En España, se observa cómo ciertas noticias incómodas para el
gobierno apenas se mencionan o se ocultan tras titulares ambiguos. Mientras
tanto, otros temas se sobredimensionan para distraer la atención.
Principio de simplificación y del enemigo único: Adoptar
una única idea, un único símbolo, individualizar al adversario en un único
enemigo. Goebbels
postulaba que para movilizar a las masas, era necesario reducir la política a
una lucha entre el bien y el mal, con un enemigo único responsable de todos los
males.
En la España actual, esta estrategia se aplica al
demonizar constantemente a la oposición, ya sea en forma de "la
ultraderecha", "los fachas", o incluso a sectores específicos de
la sociedad. Se crea una narrativa polarizadora donde el gobierno se erige como
el defensor de los valores democráticos frente a una amenaza absoluta.
Principio del método de contagio: Este principio busca
vincular a los adversarios con una misma etiqueta negativa para invalidarlos en
conjunto.
En el discurso político y mediático español, se
observa la tendencia a agrupar a todos los críticos del gobierno en una misma
categoría, sin matices. Así, cualquier oposición se asocia con posturas
extremistas -fachosfera-, descalificándolas sin necesidad de debatir sus
argumentos.
Principio de la exageración y desfiguración: La
táctica de convertir cualquier evento en una amenaza existencial es una
constante.
Manifestaciones o declaraciones son presentadas como
ataques a la democracia. Se exageran hechos aislados para justificar medidas
restrictivas o para desviar la atención de problemas más graves. El objetivo es
convertir cualquier anécdota en un caso grave. Lo mismo sucede con las
declaraciones de los rivales políticos, desfiguradas y tergiversadas un día sí
y otro también. Se insiste en la falacia y la deformación. Ya saben aquello de
que “la mentira, repetida mil veces…”.
Principio de la transfusión: Este principio indica que
la propaganda debe apoyarse en prejuicios preexistentes de la población para
ser más efectiva. En otras palabras, desunir, para sobre ello, volver a
construir en beneficio propio.
En España, el discurso oficial se construye sobre
estereotipos históricos y culturales, como la idea de una "España
franquista" omnipresente o la demonización de ciertos sectores sociales, despertando
a las dos Españas del pasado, polarizando.
Principio de la transposición: Consiste en atribuir al
adversario los propios errores o defectos. “Si no puedes negar las malas
noticias, inventa otras que las distraigan», escribió Goebbels, ese escritor
frustrado convertido en apóstol de la ideología fanática y asesina. Todo esto
para cargar sobre el oponente los propios errores o defectos, respondiendo al
ataque con el ataque. Parece una broma, pero no lo es.
Un ejemplo recurrente en España es la acusación de
"fake news", o bulos y mentiras, a medios y figuras de la oposición
mientras se controlan los medios públicos y subvencionados para difundir una
única versión de los hechos. También se observa en la acusación de
"judicialización de la política" cuando es el gobierno quien recurre
a la justicia para atacar a sus oponentes.
Y ya para terminar, el Principio de la unanimidad: Para
Goebbels, era fundamental hacer creer a la población que la mayoría apoyaba la
versión oficial.
En España, se utilizan encuestas y tendencias en redes
sociales para generar la impresión de que existe un consenso generalizado deslegitimando
cualquier disidencia. La opinión de la oposición no existe.
Concluyendo con todo esto, ¿no les parece que no
estamos a día de hoy tan alejados de aquellos principios del ideólogo del
Partido Nacionalsocialista Alemán de entonces?
Mi reflexión me lleva a pensar que estos principios no
son exclusivos de regímenes totalitarios sino que se han adaptado a las
democracias modernas a través de estrategias informativas muy sofisticadas. En
España muchos de estos mecanismos están en funcionamiento moldeando la opinión
pública y condicionando el debate político.
La clave para una sociedad verdaderamente democrática
es reconocer estas tácticas y desarrollar un pensamiento crítico, fundamental
para diferenciar la información de la manipulación.
¡Cuidado! La política actual española y sus primeros
espadas hoy en día están, precisa y justamente, a todo lo contrario.
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