“Secretos….íntimamente”

 


“Secretos….íntimamente”

No fue una tarde cualquiera. A veces el alma lo sabe antes que el cuerpo, se intuye en la piel, lo presiente en la calma extraña que precede al milagro. Era sábado y no lo sabía aún, pero estaba a punto de cruzar un umbral. Esa clase de umbral que no se ve, que no se mide en metros, sino en latidos. Cuando el sol empezaba a dejar de calentar y abrazarnos tímidamente y sus rayos se despedían de nosotros hasta el día siguiente, me dispuse a disfrutar de un concierto solidario y en acústico a beneficio del Teléfono de la Esperanza, fue en el auditorio de la Caja Rural de Granada.

Pasaban siete minutos de las 8 de la tarde cuando Los Secretos salieron al escenario como viejos amigos que regresan sin anunciarse, como esas cartas que llegan sin remitente y nos devuelven algo que no sabíamos que habíamos perdido. Álvaro Urquijo a la guitarra acústica, Ramón Arroyo con la eléctrica y Jesús Redondo al piano. En un tono distendido, cercano e íntimo, como si estuvieran tocando en el salón de casa y en exclusiva para mí, empezaron a sonar como siempre y como nunca. Me dispuse a parar el tiempo y disfrutar de ellos desde la fila 2.

El deleite de la música, cuando se transmite de manera clara, honesta y profunda y con ese romanticismo tan solo al alcance de auténticos maestros de los sentimientos y de la poesía, se eleva hasta tocar cielos exclusivamente reservados a unos pocos dioses. Y eso es lo que ofrecieron Los Secretos.

Cuando sonaron los primeros acordes, y `no digas que no´ te lo avisé, por una rendija se empezó a filtrar el pasado. Esa canción tiene la voz exacta del deseo que no se resigna, del amor que aún espera su sitio, del orgullo que claudica. No soy un extraño, no puedo volver, estoy tan cansado……

Había sido un día duro, pero no lo suficiente como para no caminar por `la calle del olvido´ donde vagan su sombra y la mía, cada una en una acera por las cosas de la vida. Pero aun así, sí, `échame a mí la culpa´ de lo que pase. Sabes mejor que nadie que me fallaste. Tras esa decepción, me quedé `colgado´ como un cuadro, a tu  pared pegado, cuando, de repente, sentí `volver a ser un niño´, después de andar a la deriva por mares turbios de bebida.

Empezaba a gozar del concierto, veía pasar el tiempo… `y no amanece´ -pensé. Disfrutaba tanto del momento que `si pudiera parar el tiempo´ lo habría hecho. Mientras, mi piel se erizaba como consecuencia de los intensos sentimientos que emanaban de esas poéticas letras. Porque esa tarde era una de esas que uno quiere atrapar en las manos como arena que se escapa. Si hubiera podido detener el reloj, apagar el mundo, lo habría hecho.

Haciendo un guiño y tierno recuerdo a su hermano Enrique, presente durante todo el concierto, de pronto, y `aunque tú no lo sepas´, nos vimos inventando mareas y tripulando barcos e incendiando con besos el mar de sus labios.

Fue `otra tarde´, pero no una tarde cualquiera. ¿Por qué me dices que va a ser distinto si luego vuelve a ser lo mismo? Cierto, siempre es lo mismo. Los Secretos son frescura imperturbable mezclada con años de solera.

En aquel instante, como si alguien hubiera abierto de golpe una botella de nostalgia líquida, quise `beber hasta perder el control´. No era solo la voz de Álvaro, era la voz de todos los que han amado mal, de los que han querido demasiado o demasiado poco, de los que han confundido el olvido con el vino y el consuelo con la copa. Una parte de mí quiso brindar y la otra solo quería cerrar los ojos y dejarse ir en esa espiral embriagada de notas que sabían a despedida. Todo ello para mezclar con alcohol mis lágrimas recluidas fruto de la emoción de aquella enorme demostración de talento musical.

Y no, no fue en un pueblo con mar una noche después de un concierto cuando Álvaro Urquijo, con una imitación perfecta de la voz de Joaquín Sabina, nos contó la historia de la hermosa canción que nos iba a presentar a continuación. El público, ya entregado y rendido, observábamos con `ojos de gata´ como eran unos chavales ordinarios, y extraordinarios a la vez, los que estaban sobre el escenario. Cuando bajan de él lo siguen siendo. Doy fe de ello.

Esa tarde de sábado yo soñé en otra vida, en otro mundo, `pero a tu lado´, persiguiendo sueños rotos que Álvaro, Ramón y Jesús nos ayudaban a coserlos con el hilo de nuestros ojos.

A mi lado, sentada y extasiada, una dama. Aunque su casa bordeando la autopista hizo que ella creciera muy deprisa, jamás dudé que era `buena chica´. Pocas veces me sonreía pero con eso a mí me valía.

Y de ahí a un largo suspiro, a una confesión sin rencor, hubo tan solo un paso. `Te he echado de menos´, sí, exactamente igual que ayer. Confío en que siempre estaré contigo, aunque no estés. Tras esa declaración de amor recordé cuando, con días grises y olvidados que vuelven una y otra vez, me olvidé de quién era y paseábamos `por el bulevar de los sueños rotos´, donde las amarguras no son amargas cuando las canta Chavela Vargas y las escribe un tal José Alfredo.

Avanzaban los minutos, se nos hacían cortos, queríamos más. Me habían avisado y no quise escuchar y ahí estaba, atrapado en el concierto, no sabía cómo escapar de él, ni quería.

A mi otro lado, tranquila, otra chica con `ojos de perdida´ que delataban su rendición y capitulación ante tal lujo de músicos. `Agárrate a mi María´ -le dije-, los cuadros no tienen colores y las rosas no parecen flores. Por eso `sobre un vidrio mojado´ escribí tu nombre sin darme cuenta. Al final ella me dijo `déjame´, es mejor que sigas tu camino que yo el mío seguiré.

Cuando Los Secretos se despidieron de los presentes fue como el dulce despertar de una evasión, de un más allá que te deja extasiada el alma. Al son de acordes aun no inventados pedíamos fervorosamente…..“cantadnos una más”.

El concierto solidario fue eso y mucho más y como bien expuso Álvaro Urquijo: “Si todos fuéramos solidarios, en el mundo no habría ni un solo problema”.

¡Qué gran verdad! Mil gracias Secretos.


Comentarios

Entradas populares