"Tengo miedo"
“Tengo miedo”
Escribo estas líneas con una mezcla
de rabia, tristeza y una fatiga moral que ya empieza a ser crónica. Las escribo
como ciudadano, como viajero frecuente desde hace ya algún tiempo y como
alguien que aprendió a amar el ferrocarril atraído desde hace mucho por ese
aire romántico que tiene siempre un viaje en tren.
En el año 1968 un grupo de pop
español llamado “Los Mismos” lanzó una canción que decía: “Tengo miedo al avión, también tengo miedo al barco, por eso quiero
saber lo que debo hacer pá cruzar el charco”. Les confieso que hoy en día,
le temo casi más al AVE en España que a un viaje en avión, se lo digo sinceramente.
La joya de la corona del transporte en España, el tren de Alta Velocidad, se lo
están cargando por momentos.
El último accidente ferroviario en
España —otro más— no es solo una tragedia puntual ni un infortunio casual. Es
el síntoma de algo mucho más profundo: la degradación silenciosa de un sistema
que ha sido orgullo público y hoy parece sostenido por la inercia, el marketing
y la fe ciega de que nada grave volverá a ocurrir. Hasta que ocurre.
No escribo desde la neutralidad.
Tampoco desde el oportunismo del dolor ajeno. Escribo desde la convicción de
que la gestión del mantenimiento ferroviario en España, responsabilidad directa
del Gobierno y, de manera muy concreta, del Ministro de Transportes de turno, ha
sido deficiente, cortoplacista y peligrosamente autocomplaciente. Y cuando digo
peligrosa, no hablo en abstracto. Hablo de vidas humanas.
Cada vez que hay un accidente grave,
el ritual es siempre el mismo. Comparecencias solemnes y palabras como
"investigación", "transparencia" o "cadena de
responsabilidades". Ahora ya se habla, vergonzosamente por cierto, hasta
de “lealtad” entre instituciones, como si no se fiaran unas de otras y se
vigilaran de reojo. Algo que se tenía que dar por hecho en nuestra vieja piel
de toro, parece algo extraterrestre, venido de otra galaxia, y claro, así van
las cosas.
Ministros que arrugan el ceño,
técnicos que hablan de protocolos, gobernantes que piden prudencia. Y luego,
poco a poco, el silencio. El ruido mediático se desplaza, la indignación se
enfría y el sistema continúa exactamente igual. Se promete una auditoría, se
anuncia un plan estratégico con nombre grandilocuente, pero el mantenimiento -esa
tarea invisible, poco fotogénica, sin inauguraciones ni cintas- sigue siendo la
hermana pobre de la política ferroviaria.
España ha apostado durante décadas
por la alta velocidad como símbolo de modernidad. Kilómetros y más kilómetros de
AVE, récords de red que se exhiben en ferias internacionales. Todo eso está muy
bien para el folleto pero, mientras tanto, la red ferroviaria envejece, los
sistemas de seguridad se parchean, los técnicos alertan y los maquinistas denuncian
casi en voz baja lo que nadie quiere escuchar en voz alta.
El ministro -este y los anteriores-
siempre habla de inversión. Las cifras marean. Pero conviene preguntar ¿inversión
en qué? ¿En mantenimiento preventivo o en obras nuevas? ¿En revisar, sustituir,
modernizar sistemas críticos o en cortar cintas? Porque un tren no descarrila
por falta de discursos, sino por fallos concretos: una baliza que no funciona,
una señal mal calibrada, una vía fatigada, un protocolo mal diseñado o lo que
es más grave, ignorado.
Hay un momento en el que cualquier
análisis político debería detenerse. Ese momento llega cuando uno piensa en las
víctimas. No en abstracto, no como una cifra, sino como personas concretas.
Alguien que iba a trabajar. Alguien que volvía a casa. Alguien que se subió al
tren con la confianza absoluta de quien cree estar entrando en uno de los
espacios más seguros del mundo.
Pienso en esas familias que
recibieron una llamada imposible. En las horas eternas esperando noticias. En
el instante exacto en el que la vida se parte en dos, antes y después del
accidente. Pienso en los cuerpos heridos, en el metal retorcido, en el silencio
posterior que siempre describen los supervivientes. Ese silencio espeso,
irreal, en el que nadie entiende aún qué ha pasado. Pienso en esas familias no
rotas, sino destrozadas por completo, en esa niña de 6 años que deambulaba por
la vía sola, tras haber perdido a sus padres, a su hermano y a un primo.
El sentimentalismo no es un exceso
cuando se habla de víctimas. Es una obligación moral. Porque detrás de cada
fallecido hay una historia interrumpida, proyectos que no llegarán a cumplirse,
conversaciones que no volverán a darse. Y detrás de cada herido, una vida que
ya nunca será exactamente igual.
A las víctimas se les debe algo más
que homenajes. Se les debe verdad, en mayúsculas, responsabilidad y cambios
reales. Y eso implica señalar a quien toma decisiones. Porque los accidentes
ferroviarios no son actos de Dios. Son, casi siempre, consecuencias humanas de
decisiones políticas, presupuestarias y técnicas.
Aquí conviene hacer una comparación
incómoda, la del tren con el avión. Cada accidente aéreo provoca una conmoción
global. Se revisan procedimientos, se analiza hasta el último tornillo. Las
cajas negras se desentrañan hasta su fin. Nadie acepta un “fue un error humano”
sin más.
En el ferrocarril, en cambio, parece
existir una tolerancia mayor al fallo. Tal vez porque los accidentes son menos
espectaculares. Tal vez porque ocurren en tierra, sin el dramatismo brutal de
una caída desde gran altura. O tal vez porque el tren, al ser público, se ha
convertido en una infraestructura tan cotidiana que solo reparamos en ella
cuando falla de manera brutal.
La aviación ha construido una cultura
de seguridad obsesiva, redundante, casi paranoica. El ferrocarril español, en
cambio, ha ido construyendo una cultura de confianza excesiva en sistemas que
envejecen y en decisiones políticas que no siempre priorizan lo esencial. Se
dice que el tren es el medio de transporte más seguro junto al avión, y estadísticamente
lo sigue siendo. Por eso duele especialmente ver en qué se está convirtiendo.
Retrasos constantes, averías, excusas técnicas que suenan cada vez más huecas.
Y, de vez en cuando, la tragedia.
El problema del mantenimiento
ferroviario no es solo técnico. Es profundamente político. Mantener no da
votos. No sale en la foto. No permite inaugurar nada. Es gastar dinero para que
nada pase. Y eso, en la lógica cortoplacista de la política española, es casi
un pecado. Los ministros pasan, las vías se quedan. Y cuando se decide retrasar
una inversión, cuando se ignora una advertencia técnica, cuando se opta por el
parche en lugar de la solución estructural, cuando el dinero se malgasta en
contentar a amiguetes y hacer favores políticos, pues pasa que para lo esencial
no hay o se regatea y eso es jugar a la ruleta rusa con vidas ajenas.
La responsabilidad no se diluye en
informes ni en comisiones. Tiene nombres y apellidos. Y tiene una estructura
clara: un ministerio que prioriza la expansión sobre el cuidado, una empresa
pública tensionada, unos trabajadores que alertan y no siempre son escuchados.
La hermana de uno de los camareros
que sigue desaparecido del tren Alvia lo dijo bien claro ante las cámaras: “Que
rueden cabezas, me da igual de quién sean, que rueden cabezas en el Ministerio
de Transportes que es el organismo competente en esto. Igual que se pide que rueden
cabezas para otros sitios, que rueden cabezas ahora”. Reconocía igualmente que
su hermano le comentaba muchas veces que el tren “botaba” mucho, que daba hasta
miedo. Es muy triste tener que ir al trabajo con miedo.
Escribo este artículo sabiendo que,
con el tiempo, será uno más. Que será leído, compartido, olvidado. Pero también
escribo con la esperanza -quizá ingenua- de que alguien, en algún despacho,
recuerde que gobernar no es solo inaugurar, sino mantener.
Y luego está el pueblo, el llano, ese
que rebosa solidaridad y cariño, como siempre lo hace, y se vuelca en ayudar mientras
los políticos y gobernantes estaban embutidos en sus chalecos reflectores
delante de micrófonos y cámaras. Por cierto, ¿qué hacía la ministra de hacienda
en primera línea de cámaras y micrófonos? Está claro y diáfano, campaña
electoral para Andalucía. Está todo calculado. ¡Qué vergüenza!
A las víctimas, al menos, les debemos
eso, no pasar página demasiado rápido. No aceptar el accidente como una
fatalidad, no resignarnos. Porque el tren no debería matar, el tren debería
llevarnos a casa.
Buena descripción de como están las cosas
ResponderEliminarBuenos días mi gran amigo .
EliminarMe uno a ti para expresar la impotencia que siento como tú .
As narrado la pura realidad y tal como ocurren las cosas .
Los accidentes existe por varias, causas y motivos pero es vergonzoso que algunos ocurran por no hacer las cosas bien a los que les corresponden y por ellos se pierdan vidas humanas que no tienen culpa de nada ,
No se de e permitir que estoy ocurra ya se viaje por placer .negocios o trabajo .
Mi más sentido pésame a todas aquellas personas que an perdido a un ser querido .
Gracias eres un ejemplo a seguir , un muy fuerte abrazo .
¡Cuantísimo te he echado de menos, Juan Carlos!
ResponderEliminarY cuanta razón llevas, tal como nos tienes acostumbrados. Tu artículo trata muy bien la tragedia, con la delicadeza que supone tanta pérdida evitable y familias rotas y la contundencia de exponer que hay que exigir responsabilidades y no optar por ese "respeto=silencio" que piden los implicados en nombre de víctimas y familiares, y no asumir el descuidado mantenimiento y chapuzas sin fin, en no atender a los comunicados de los maquinistas y usuarios. No me cabe duda que desviarán la atención hasta conseguir que caiga en el olvido...
Buen artículo!!!!
ResponderEliminarUn placer volver a leerte aunque sea en un tema tan duro como este. Muy duro tu artículo. Justo a la medida de lo sucedido. Duro pero muy claro. Se agradece tu exposición y opinión a la vez que aprovecho para dar mi pésame a los familiares y amigos vinculados a esto. Al final …. Todos quedamos vinculados y muy afectados. Saludos
ResponderEliminarExcelente descripción de la realidad de este país.
ResponderEliminarNo lo puedes expresar mejor!todas tus publicaciones son dignas de ser leídas.
ResponderEliminarComo siempre interesante y muy bien escrito. Y no solamente el ferrocarril, la dejadez de todos los medios de transporte es muy muy preocupante. Las carreteras en España están en una situación insostenible. Gracias por tan buen artículo
ResponderEliminarDeberíamos todos, exigir empezando por la oposición que hagan su trabajo y sean responsables. Gracias Juan Carlos
ResponderEliminarBuenos días excelente publicación .Una reflexión necesaria: cuando la negligencia y la falta de responsabilidad política cuestan vidas, algo estamos haciendo muy mal.
ResponderEliminarMagnífico artículo escrito desde el respeto a las víctimas del accidente hasta las críticas hacia los estamentos políticos que tienen el deber de ofrecer un servicio ferroviario de alto nivel (no sólo en la red AVE sino en las cercanías, que son las que usan los millones de personas que van a su trabajo) y con la mayor seguridad. Pero ahí se interpone siempre el aspecto económico...y la partida que suele reducirse...es el mantenimiento.
ResponderEliminarBuenos días Juan Carlos .
ResponderEliminarLo publicado por ti es tan cierto y una pana muy grande lo que ocurre con todo lo público y también privado .
Mi más sentido pésame a todas las personas que están pasando por este mal momento .
Espero estos acontecimientos .no vuelvan a ocurrir más .
Da igual con que se viaje nuestras autoridades deben poner cartas en el asunto y revisen todos los medios públicos de trasporte para que no vuelva a ocurrir por lo menos cuando saben el deterioro de las vías y demás .
Un muy fuerte abrazo monti .tus publicaciones son un ejemplo a seguir gracias
Deberian dedicar, como mínimo, los mismos presupuestos a mantenimiento, que el de nuevas aperturas. Las infraestructuras tienen ya su tiempo.
ResponderEliminarMuchas gracias Juan Carlos por tu interesante articulo, ni más, ni menos. Creo que has reflejado el sentir de las personas de bien, los que pagamos nuestros impuestos para que las cosas funcionen, ya está bien de demagogia barata, hay que hablar claro y que cada cual, con sus actos, asuma las consecuencias.
ResponderEliminarNo hay diferentes varas de medir, hay que exigir en la medida que nos corresponde a cada cual.
Muchas gracias por hablar tan claro y que se entienda..
Muy bueno ojalá rueden cabezas
ResponderEliminarLa brujita
ResponderEliminarComo no compartir contigo Juan Carlos tu rabia!!!.... todos nos sentimos engañados por este bando de sanguijuelas que solo quieren sacar beneficio con votos y cargos!!....
ResponderEliminarMuchas veces nos recuerdan que no todos los políticos son iguales..... pues lo parecen!!!
Estan consiguiendo que no creamos en nada ni nadie.... a quien nos vamos a encomendar.... a Dios!!!???.
Juan Carlos haces una estupenda reflexion!!!.... yo soy Brujita... y quiero que se me reconozcas... no quiero esconderme!
Juan Carlos, suscribo todo lo que dices. Además el ferrocarril sigue siendo clave para la movilidad, el desarrollo sostenible y el crecimiento económico. Por todo ello, cada accidente nos recuerda que urgentemente, la seguridad, debe ser una prioridad absoluta en todas las infraestructuras de transporte y movilidad. No basta con reaccionar después de la tragedia. Es imperioso actuar antes con dedicación, entrega, responsabilidad, transparencia y un compromiso férreo, con la vida de los ciudadanos.
ResponderEliminarComo siembre describes la realidad tal como es. Desgraciadamente ,estamos en manos de desaprensivos en todos los aspectos de nuestra vida.
ResponderEliminarEnhorabuena por esta asertiva, pero triste descripción de la realidad, tanto de los errores políticos como de las tristezas personales.
ResponderEliminarSimplemente quiero señalar una cuestión: en los últimos años se ha dividido por tres el gasto en mantenimiento de las infraestructuras ferroviarias y se ha multiplicado por dos el número de trenes y pasajeros
Cómo cuadra esta ecuación con una adecuada gestión política?
Esperamos respuestas de nuestros políticos que, como siempre, llegarán confusas por el paso del tiempo y el exceso de demagogia a que no tienen Acostumbrados.
Lo dicho. Un acierto este artículo que señala la miseria política y la tristeza humana.
Buenos días Juan Carlos mi amigo... Como estranjero, casi nunca me siento en el derecho de opinar respecto a como los gobiernos conducen un país.. Vengo de un pais considerado hasta muy poco, como sub desarrollado,con un gobierno dicho socialista desde hace varias legislaturas salvo una en ese período de 4...mas o menos de la misma forma, veo a delapidacion de las estructuras fundamentales a igual que aquí con una similaridad sutil... Aí , para el socialista mantenerse en el poder, sustenta el pueblo con ayudas paternalistas y los mantienen "contentos" hasta las próximas elecciones.... Aqui mantiene , casi de la misma forma los chantagistas de turno (que son parte del pueblo)... a cambio de ministérios, enchufes, corrupciones etc.. etc... etc.. Y mucho dinero..... Y las infraestructuras no solamente ferroviarias(mirar las carreteras) edifícios públicos etc..... Hace 20 años que vivo en España y en ese tiempo ha perdido mucho.. Que pena me dá... Ahhhh y a respeto del comentario de la ministra de hacienda, en el primer momento que hemos visto esta, hemos pensado lo mismo "que papel hace esta ai, cuando deberia de estar en su despacho haciendo su verdadero trabajo... Aqui tal como lá, los ministros al invés de hacer su trabajo, estan todo el rato haciendo campaña para sostener el gobierno... Que tristeza....
ResponderEliminarEnhorabuena por tu cronica tan iluminada!!!!!
Muy de acuerdo con el articulo
ResponderEliminarÉste como todos tus escritos, recogen la pura y dura realidad. No has podido describir mejor esos momentos tan infernales... . Por un momento he estado en esas vías y me he podido hacer una idea de la angustia que sufrieron los afectados y los familiares. Sí, ojalá se les dé un escarmiento a los responsables y se tomen medidas para que nunca más vuelva a ocurrir otro desastre por falta de cuidados... Mil gracias!!
ResponderEliminarMuy buen artículo.
ResponderEliminarSuerte y ánimo en esta nueva etapa de publicaciones.
¡Un saludo!