"Con tanto nombre no me acuerdo"
“Con tanto nombre no me
acuerdo”
¡Qué tiempos aquellos en que uno
pisaba con fuerza los charcos con el ánimo de romper la capa de hielo formada
sobre ellos de tanto frío que se repartía! ¡Qué años aquellos donde lo normal
era que lloviese en invierno e hiciera calor en verano sin que se alarmara a la
población con la llegada del fin del mundo por ello! ¡Cuán memorables eran esos
días en que las borrascas eran simplemente eso, borrascas!
Antes mirabas al cielo y decías “va a
llover”, y ya está. A lo sumo añadías un “como siga así, se fastidia el puente”
y te quedabas tan ancho. Hoy no, hoy del cielo no llueve, te cae encima una
señora llamada Ingrid, o un señor llamado Félix que entra por el Atlántico con
muy malas pulgas.
Vivimos bajo una sucesión interminable
de borrascas con nombre propio. Y yo, que bastante tengo con acordarme del
nombre de mi médico de cabecera, me veo obligado a memorizar una lista
interminable de fenómenos atmosféricos con unos nombres que parecen sacados de
una telenovela venezolana.
- ¿Has visto la que viene mañana?
- ¿Otra?
- Sí, la borrasca Irene.
- ¿Irene? ¿Pero no era Helena la de ayer?
- No, Helena fue la del lunes. Esta dicen que es peor.
- ¿Peor que cuál? ¿Que Gloria? ¿Que Filomena? ¿Que Bárbara?
- No lo sé, pero dicen que va a ser histórica.
- Pues estamos apañaos.
Porque ese es otro detalle
maravilloso: todas las borrascas son históricas. No hay borrasca mediocre. No
existe la borrasca del montón o la borrasca que pasa sin molestar demasiado,
no, todas llegan con nombre propio, con fuerza inusitada y para quedarse unos
días, como los suegros en casa.
Echo de menos cuando, en mi juventud,
el mapa del tiempo no tenía nombres, solo isobaras y bajas o altas presiones. Decían
“entra un frente frío” y nadie preguntaba cómo se llamaba el frente ni si había
que tutearlo. Un frente era un frente, como Dios manda, anónimo, desagradable y
puntual, no fallaban. Ahora no, ahora los fenómenos atmosféricos tienen
identidad y pronto tendrán hasta autoestima. Esa manía de ponerle nombre a todo
-DANA, Depresión Térmica y alguno que otro más-, nos va a volver o muy listos o
todo lo contrario, no se sabe muy bien.
Recuerdo a mi padre mirando al cielo
y sentenciando “esto no es normal”. Y eso valía para todo, para una sequía,
para una granizada o para que lloviera en Semana Santa. Hoy, en cambio, cuando
algo no es normal, tiene nombre, apellido, página web y código QR. Al tiempo se
le llamaba “tiempo”.
Todo cambió con “Filomena”, que no
fue una borrasca, fue una experiencia vital compartida. Desde entonces, nada
volvió a ser igual. Filomena no solo trajo nieve, trajo memes, traumas,
tertulias infinitas y una generación entera que aprendió que un hombre
prevenido vale por dos, como reza el dicho, y que las palas de nieve no se
compran el día después del nevazo.
Filomena fue tan intensa que dejó
huella emocional. Todavía hoy alguien dice “Filomena” y otro responde “¡Uy!, no
me hables de eso…”. Como si le estuvieras nombrando a una ex pareja.
Lo gracioso es que Filomena tenía
nombre de tía lejana, un poco de personaje de tebeos. Nadie imaginó que bajo
ese nombre tan de bata y rulos se escondía una apocalipsis blanca. Desde
entonces, cada nueva borrasca llega con la presión de estar a la altura:
- Dicen que esta puede ser como Filomena.
- Claro. Y yo puedo ser como Brad Pitt, pero aquí estamos.
Y luego está lo del sistema de
nombres que es, oficialmente, europeo y coordinado. En la práctica parece una retransmisión
de un partido de fútbol.
- Tenemos a Gerard, Hortense y Irene avanzando simultáneamente.
- ¿Pero juegan juntos o se turnan?
A veces coinciden dos o tres y uno ya
no sabe si prepararse para lluvia, viento o para una reunión de amigos. Porque
los nombres evocan cosas. Una borrasca llamada Ana no se vive igual que una
llamada Klaus. Klaus trae orden prusiano, ráfagas fuertes con disciplina
alemana.
En cambio, una borrasca llamada Ana
parece que va a pedirte disculpas mientras te inunda el garaje. ¿Y por qué nombres
de mujer y de hombre?
Aquí entra la parte más fascinante
del asunto, la necesidad humana de ponerle nombre a todo lo que no controlamos.
A los huracanes, a las borrascas, a las crisis económicas y, si me apuran, al
miedo.
Se empezó con nombres de mujer,
porque durante décadas se pensó —con ese machismo tan vintage— que lo imprevisible,
lo caótico y lo devastador tenía algo de femenino. Luego alguien se dio cuenta
de que eso no colaba ni con calzador y se decidió alternar nombres masculinos y
femeninos. Igualdad atmosférica.
Así que ahora el caos es inclusivo.
Nos arrasa por igual un tal Carlos que una tal Elisa. Democracia pura.
Lo curioso es que nadie explica nunca
por qué ese nombre y no otro. ¿Quién decide que hoy toca Borrasca “Luisa” y no
“Pepa”? ¿Hay una reunión? ¿Se vota? ¿Alguien dice: “Luisa suena peligrosa”?
Porque yo he conocido Luisas encantadoras, pero también alguna capaz de
organizar una tormenta tropical en una comunidad de vecinos.
Esto ocurrió de verdad. En enero de
2021, pocos días después de Filomena, un informativo abrió con solemnidad:
- Atención, llega una nueva borrasca que afectará a buena
parte del país…
Pausa dramática. El presentador miró
a cámara, bajó la voz y dijo:
- …cuyo nombre ahora mismo no recordamos.
Y siguió adelante. Fue un momento
glorioso, ni siquiera los que nos lo tienen que contar pueden ya con tanto
bautizo.
En las redes, alguien escribió: “No
me acuerdo ni del nombre de mi primer amor y quieren que recuerde el de la
borrasca”.
El problema real es que empiezas a
mezclarlo todo.
- Oye, ¿has visto a Irene?
- Sí, está entrando por el oeste con rachas fuertes.
O alguien comenta:
- Gloria me destrozó el fin de semana.
Y no sabes si fue una tormenta o una
ruptura sentimental.
Los partes meteorológicos ya no
informan, narran:
- La borrasca Hugo pierde fuerza, pero ojo, porque detrás
viene Iris, que podría complicar la situación.
¿Complicarla cómo? ¿Se van a pelear?
¿Van a convivir mal? ¿Habrá una borrasca tóxica?
El problema no es que las borrascas
tengan nombre. El problema es que tenemos más borrascas que neuronas
disponibles para nombrarlas. Yo ya voy por asociaciones absurdas:
- Filomena era la de la nieve.
- Gloria la del viento.
- ¿Y Carmen?
- Carmen… Carmen… ¿esa fue la de la lluvia o la de los memes?
Al final acabas diciendo:
- La de hace dos
semanas.
- ¿Cuál?
- Esa.
- Ah, sí.
Y todos nos entendemos.
Yo propongo simplificar o numerarlas,
o llamarlas a todas igual. Borrasca Paco I, Paco II, Paco III….. total, siempre
hay un Paco al que echarle la culpa.
Mientras tanto, seguiré mirando al
cielo y pensando lo de siempre “esto no es normal”. Aunque ahora, al menos, sé
que si no es normal… tendrá nombre propio y probablemente no me acordaré de él
mañana.
Denota cierta edad el autor del artículo. Sr. Juan Carlos, los que nacimos en los cincuenta/sesenta ya peinamos canas y por lo tanto, entendemos perfectamente dónde quiere llegar.
ResponderEliminarLa capacidad de sorpresa cada vez es menor con la edad, así que por un lado menos capacidad de memorizar y por otro, ya pueden poner los nombres que les dé la real gana a los meteorólogos o a quien corresponda, el tiempo siempre ha sido cambiante y ahora esta generación cada día se sorprende más de cualquier cosa, o que nosotros estábamos hechos de otra pasta por las calamidades que había que pasar....
Muchas gracias por refrescarnos la memoria.
Cuánta razón tienes.me encanta la forma de explicarlo
ResponderEliminarEn tiempos de cambio climático los fenómenos meteorológicos están siendo extremos y devastadores. Ésto justifica las alertas meteorológicas.
ResponderEliminarQue cerca, y que lejos, siente uno la infancia al leer esos recuerdos, cuantas veces han venido a la memoria con la necesidad de discernir entre la vigilia, el sueño y el deseo... cuan simple puede ser la vida, incluyendo acontecimientos meteorológicos, y como le gusta a la sociedad personalizar e intentar hacerse protagonista del espacio-tiempo... Enhorabuena por el artículo, que llegue lejos la reflexión...
ResponderEliminarHas descrito muy bien lo que está pasando, parece ser que el único objetivo de todo esto es asustar a el personal. Hoy está lloviendo moderadamente la previsión es que siga así y cuando he intentado entrar en mi centro de trabajo me han dicho los de seguridad que no me facilitan el acceso porque el centro está cerrado por emergencia climática. De locos.
ResponderEliminarCada vez tendremos más borrascas. Llegará el dĺa que utilicen numeración como matrículas, N.I.F o algo asi?
ResponderEliminarTotalmente de acuerdo, amigo!!
ResponderEliminarJuan Carlos
ResponderEliminarComo siempre excepcional , contando lo cotidiano.