“Con los vuelos a otra parte”
“Con los vuelos a otra
parte”
Pues nada, ya nos ha tocado otra vez a Granada y los
granadinos. Aena, con 22 días de antelación, ¡qué deferencia!, nos avisa del
cierre del aeropuerto por el reasfaltado y mantenimiento de su única pista.
Pues mira qué bien.
Hay decisiones que no se anuncian, sino que
interrumpen. Como esas tormentas de verano que en la Vega de Granada se intuyen
a lo lejos, pero que de pronto descargan con una violencia que nadie había
terminado de creer posible. Así ha ocurrido con el asfaltado de la pista del
aeropuerto de Granada. Entre la licitación y el comienzo de las obras ha
mediado un suspiro administrativo. Y mientras las máquinas de asfaltado
calientan motores, miles de viajeros se quedan en tierra con una pregunta
incómoda en la boca: ¿y ahora qué hacemos con los billetes comprados hace
meses, con los planes que ya tenían fecha, con las despedidas, los regresos y
los viajes necesarios?
Porque el problema no es el asfaltado en sí. Nadie en
su sano juicio discute que una infraestructura crítica como un aeropuerto deba
mantenerse en condiciones óptimas. Lo que incomoda y molesta no es eso, no, es la
gestión del tiempo. Ese breve lapso entre la decisión y la ejecución que ha
dejado sin margen de reacción a aerolíneas, agencias, trabajadores y pasajeros.
En una provincia como Granada, donde el aeropuerto ha
vivido siempre entre el entusiasmo y la incertidumbre, cada movimiento tiene un
peso simbólico añadido. No es Barajas, no es El Prat, no es un nodo gigantesco
donde los aviones despegan con la misma naturalidad con la que se pide un café.
Aquí cada ruta que se abre se celebra como una conquista y cada cancelación se
lamenta como una pequeña derrota. Por eso, cuando se anuncia un cierre por
obras, la sensibilidad debería ser mayor, la planificación más fina, el cuidado
por los detalles casi artesanal. Y, sin embargo, lo que hemos visto ha sido más
bien lo contrario: una decisión acelerada que, aunque probablemente justificada
en términos técnicos, ha ignorado el ritmo real de la vida de las personas.
El viajero que compró su billete en enero para volar
en mayo no estaba pensando en capas de asfalto ni en estudios de resistencia
del firme. Estaba pensando en una escapada, en unas vacaciones o en un
reencuentro y visita familiar. Ese viajero ha ido construyendo su calendario
alrededor de una certeza, que ese avión despegaría y que lo haría desde Granada.
Y de pronto, sin demasiado margen, se le dice que no, que el aeropuerto cerrará
y que tendrá que salir desde otro aeropuerto que, aunque cercano, no es el que
tenía en mente.
Lo más desconcertante es que este tipo de situaciones
no son inevitables. El asfaltado de una pista no es un accidente sobrevenido ni
una catástrofe natural. Es una actuación programable, planificable, susceptible
de ser anunciada con meses -incluso años- de antelación.
Este tipo de trabajos no son nuevos, se han realizado
en otros aeropuertos. En el de Vigo, por ejemplo, en el año 2024, a los pobres
vigueses los avisaron con 2 días de antelación para un cierre de 25 días. Se
avisa el 4 de mayo para comenzar el 6. De ahí darle las gracias -de manera
irónica- a AENA por esa “deferencia” de avisarnos a los granadinos con 22 días
de antelación. Nos quejamos por todo.
La intrahistoria de todo esto es que Granada, además,
tiene una relación peculiar con su conectividad. Durante años ha luchado por
mantener y ampliar sus rutas, por convencer a aerolíneas de que aquí también
hay mercado, por demostrar que no todo pasa por los grandes aeropuertos. Cada
avance ha sido fruto de negociaciones, de campañas, de esfuerzos
institucionales y privados. En ese contexto, un cierre repentino -aunque sea
temporal- tiene un efecto que va más allá de los días concretos en que la pista
estará inoperativa.
Ya no podemos hacer nada, solo aguantarnos, quejarnos
-como buenos granadinos que somos- y esperar a que pase el mes de mayo y con
suerte podamos volar sin el susto que da la escasez de combustible con el
problemón que nos ha creado el señor Trump.
Tal vez la próxima vez, cuando se vuelva a hablar de
licitaciones y plazos, alguien recuerde que entre el papel y la obra hay
personas, y que esas personas también necesitan tiempo para despegar.
Y sin embargo, después de todo lo escrito en estas líneas, parece ser que el susto que teníamos, Aena nos lo ha quitado anunciando que el cierre es para mayo del 27. Eso es otra cosa, lo otro parecía una inocentada.
Derecho al pataleo, es es lo que nos queda ante una situación así.
ResponderEliminarSeguro que la reparación es necesaria, está bien que se invierta en nuestras infraestructuras, nuestro aeropuerto ha aumentado en pasajeros a pesar de alguna pérdida de destinos que hay que recuperar y aumentar, apoyar todo lo que contribuya a potenciar la ciudad y provincia, pero desde luego, las formas y el cuidado a los usuarios es fundamental.
Muchas gracias Juan Carlos por hacerte heco del problema.
Juan Carlos, gracias por esta publicación tan reivindicativa, no entiendo cómo se puede caer siempre en los mismos errores, cómo bien dices es necesario que se asfalte, pero es tan simple como planificar con un año de antelación
ResponderEliminarPeor estuvieron en Vigo
ResponderEliminaraunque eso no sea ningún consuelo..
Juan Carlos gracias por en especial por este artículo, pero yo añado ¿qué hay de las responsabilidades de los que no hacen bien su trabajo? a los usuarios sí que nos exigen cualquier falta de pago de un impuesto, etc y qué hay de indemnizarnos por todos estos gastos sobrevenidos de cambiar de aeropuerto, etc..
ResponderEliminarDeberian haber previsto un plan B. No que siempre el plan B nos toca buscarlo/prepararlo nosotros. Saludos
ResponderEliminarSr´Juan Carlos: ¡ TODO ES POSIBLE EN GRANADA !. Ahora bien,tendrian que ser los ¿ periodistas ? de los diarios locales los que se preocuparan de lo que Vd. denuncia y con mucha razón los que investiguen, averiguen e informen a que se debe esta tardanza en dar esta noticia
ResponderEliminarMenos mal!!!!..... pero ya no nos sorprende nada!!! 😊
ResponderEliminar