“Las encuestas del CIS y la edad”
“Las encuestas del CIS
y la edad”
Fue este pasado mes de febrero, y creo
recordar, un martes por la tarde. Menos mal que no era de esas horas malas, a
las que yo llamo “post mortem”, que son justo aquellas que siguen a la comida y
entra uno en un estado entre catalepsia y coma profundo y en el que una simple
llamada de teléfono hace que se despierte la bestia que lleva uno dentro.
Serían ya sobre las seis y media o
siete de la tarde cuando me sonó el móvil. El número era desconocido para mí.
No suelo coger números desconocidos por aquello de que a poco que flaquees y lo
cojas te encuentras con una “supuesta” compañía telefónica, una
comercializadora de luz o gas o simplemente con un robot maleducado el cual, al
descolgarle, se queda en un inquietante silencio al que solo le falta la música
de fondo de violines de película de terror. El caso es que esta vez sí
descolgué.
Un amable señor me daba las buenas
tardes y tras facilitarme su nombre y apellidos -no sé si ficticios o no pues es
imposible comprobar ese extremo- me informaba de que me llamaba desde Barcelona
y era para una encuesta del Centro de Investigaciones Sociológicas, el CIS.
Podrán imaginar mi cara de asombro y
felicidad en ese momento. Nunca me había llamado nadie para hacerme una
encuesta y menos del CIS. Siempre había visto los toros desde la barrera y por
fin hoy iba a ser protagonista y poder responder a lo que se me preguntara.
Esto me aportó un júbilo interior inusitado y propio de un niño esperando el
regalo de Reyes.
La alegría me duró poco. Después de consultarme
desde qué provincia le estaba hablando y un par de cosillas sin mayor
relevancia, empezó por preguntarme por mi edad, 61 añitos -le contesté. No
había casi terminado de decírsela cuando de pronto y de sopetón me soltó un “¡Ah,
lo siento! Ha sobrepasado la edad límite para hacerle la encuesta”. Y no me dio
ni tiempo a preguntarle cuál era ese límite, me colgó. Así sin más. Se ve que
tendría mucha prisa el hombre y, como en el juego de la oca, saltó a la
siguiente casilla. Y ahí se acabó mi carrera como sujeto estadístico. No fue
nada personal, claro, era metodológico, pero dolió.
Me quedé con el teléfono en la mano,
mirando la pantalla, con esa sensación tan extraña similar a la que sentía de
joven cuando me expulsaban de alguna discoteca por no alcanzar la mayoría de
edad.
De repente comprendí algo que me
inquietó y me hizo preguntarme “¿Será eso cierto de que a partir de los 60
dejamos de existir para ciertos retratos oficiales del país?”. A ver si ahora
va a resultar que somos como esos muebles antiguos que nadie tira porque
todavía funcionan pero que ya no combinan con la decoración.
Los mayores de 60 somos una
generación rara. Hemos vivido el final del franquismo, la Transición, el
optimismo europeo, la bonanza de los finales de los 80, la burbuja
inmobiliaria, la crisis de 2008, una pandemia mundial y ahora este estado de
nervios colectivo permanente que llamamos actualidad. Hemos aprendido a
escribir cartas a mano y a enviar audios por WhatsApp. A revelar fotos en papel
y a hacer videollamadas. A escuchar discos enteros y a saltar canciones en
Spotify. Somos, literalmente, un puente entre dos mundos. Pero en las encuestas
parece que molestamos.
Quizá porque somos difíciles de
clasificar. No entramos bien en las casillas. No respondemos siempre como se
espera. Tenemos memoria larga. Y eso, en tiempos de titulares rápidos, resulta
incómodo.
De todas maneras, y aquí el que no se
consuela es porque no quiere, tal como están las cosas y dada la fiabilidad de
ese organismo, prefiero no valer para una encuesta del CIS y servir para otras
cosas.
¿Exactamente para cuáles? -quizás se puedan
preguntar. Pues por ponerles algunos ejemplos: votamos, consumimos, sostenemos
económicamente a hijos y a nietos el que los tenga, participamos en
asociaciones, en plataformas vecinales, en ONGs y somos, además, el grupo que
más fielmente acude a las urnas.
Winston Churchill tenía 66 años
cuando se convirtió en primer ministro del Reino Unido y lideró a su país
durante la Segunda Guerra Mundial y Miguel de Cervantes publicó la segunda
parte del Quijote con 68 años, después de una vida llena de fracasos, deudas y
mala suerte.
Y sin embargo, cuando llega el
momento de preguntar “¿qué piensa la sociedad?”, alguien decide que nuestra voz
por tener más de 60 años, ya no es necesaria.
Es una paradoja hermosa y cruel ¿no
les parece?
No te apures por la edad. Más bien es el método de las encuestas que tienen que coger muestras variadas para que sean representativas. Quizás ya había entrevistado su cupo de personas con esta edad
ResponderEliminarEs nuestro si no, no nos quieren para encuestas, les sirve de excusa para decir que las pensiones no van bien porque nuestra generación gana mucho. Somos quizás los que tengamos las ideas más claras porque hemos vivido en muchas épocas de España y no nos pueden engañar porque aún tenemos memoria y sabemos lo que pasó y lo que está pasando
ResponderEliminarTiene gracia el tema, me recuerda la encuesta reciente del INE que le han hecho a mí madre, con 92 años y si no recuerdo mal, hacen un seguimiento durante unos o dos años, esta sí que no discrimina por edad y supongo que será más fiable.
ResponderEliminarCreo que si la encuesta del CIS es la del famoso Tezanos, no te has perdido nada, da la impresión de que sus resultados los han sacado de una tómbola de feria, o sea, que no sirven nada más que para engordar a SU amo.
Muchas gracias por compartir la reflexión de la edad.
Buen artículo, como siempre, con ese sentido del humor tan propio. Si a mí me hubieran llamado del CIS, directamente les cuelgo yo. No quiero participar activamente ( ya que económicamente no me queda más remedio por mis impuestos) en una pantomima como esa. Esperando su próximo artículo.
ResponderEliminarExcelente reflexión, como siempre. Perfectamente reflejada la realidad. Buena pluma. No estaría yo seguro que haya sido del CIS la llamada, igual estaban comprobando tu número activo, tu disposición a responder y tu provincia para hacerte más llamadas spam mejor dirigidas. Seguiré sin responder a números desconocidos aunque sea a costa de perderme posibles llamadas del CIS...
ResponderEliminarYo personalmente estoy contigo .
ResponderEliminarLa chica que realizaba la encuesta podría haber empezado por el final.
A los mayores de 60 años nos van culpalizando ya de todo, como si fuéramos los culpables de que la cuentas no salgan.
Cuando en realidad la gran mayoría de nosotros empezamos a trabajar desde niños y aportamos a esta sociedad y a este país todo lo que nuestras manos podían dar.
Brujita
ResponderEliminarDe qué nos sirve vivir cada vez más si a partir de los 60!!....no contamos como sociedad útil!!!
Enhorabuena... un buen artículo
El CIS se pierde opiniones desde la sabiduría y la experiencia que dan los años .
ResponderEliminarInteresante publicación.
Que pena. No preguntan a los mayores de 60 años porque ya saben a quien vamos a votar y lo peor es que además llevamos sufragando los gastos del Estado y sus corruptelas desde más de 40 años. Su lema : paga y calla
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